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«Antes mártir que confesor» la máxima regla de La Garduña 

La Garduña es una sociedad secreta de delincuentes que se cree que actuó en España desde finales del siglo XV hasta el siglo XIX, cuando en 1822 fue ajusticiado en la plaza de San Francisco de Sevilla Fernando Cortina, su último Gran Maestre (líder de la organización). Algunos historiadores modernos, sin embargo, cuestionan la existencia de esta sociedad. sobre la que vuela un aura de leyenda. 

Nacimiento Editar

Se considera su nacimiento en el siglo XV, en Toledo, con la persecución de musulmanes y judíos por parte de grupos de delincuentes con la excusa de colaborar con el Santo Oficio. El desarrollo posterior fue especialmente importante en la ciudad de Sevilla debido a la expansión de la ciudad con la apertura de su puerto al comercio con el Nuevo Mundo. Una oportunidad de oro para enriquecerse con actividades ilícitas aprovechando el caos de la creciente densidad demográfica y la dificultad de gobierno por parte de las autoridades del Cabildo.   

Además de rufianes y pícaros, la Garduña contaba con la participación de nobles, incluso gobernadores y jueces, que se organizaban en una estructura similar a la de una cofradía. En el vértice superior de la pirámide, y a las órdenes de una cúpula conformada por los más poderosos, estaba el Gran Maestre. Bajo su mandato los capataces, uno por cada ciudad, que a su vez debían organizar todo tipo de perfiles asociados a la delincuencia: los punteadores, que ejercían de matones; los floreadores, dedicados al robo; y los postulantes, encargados de recaudar. 

En la escala inferior se encontraban los los chivatos (infiltrados). Pero más allá de estas seis categorías principales proliferaban todo un submundo de cómplices en el crimen: fuelles, quienes configuraban los ojos y oídos de la organización en las calles; los soplones (ojeadores); las coberteras (encubridoras) y las sirenas (prostitutas confidentes). 

Libro Mayor Editar

No existen documentos escritos que sirvan como pruebas fehacientes de la existencia de la sociedad. Aunque sí se conocen sus ocho principios recogidos en el el Libro Mayor, documento que supuestamente fue víctima del incendio de la audiencia de Sevilla a principios del siglo XX: 

  1. Pueden pertenecer a la Hermandad de La Garduña todos los hombres que posean las siguientes cualidades: buen ojo, buen oído, buenas piernas, poca lengua. También serán admitidas las personas de cierta edad que deseen servirla, bien proporcionándole negocios, bien facilitando los medios para llevarlos a buen terreno. 
  2. La hermandad recibirá bajo su protección a cuantas mujeres hayan sufrido persecución de la justicia y quieran encargarse de la venta y despacho de los diversos objetos que la Divina Providencia se sirva de poner en nuestras manos. También serán admitidas las jóvenes que presenten hermanos, a condición de que consagren su alma y cuerpo al servicio de la hermandad. 
  3. Los hermanos de la Garduña se dividen en chivatos, soplones, floreadores y punteadores. Las hermanas de edad madura se llaman encubridoras y las jóvenes sirenas. Es indispensable que las últimas sean bonitas y listas. 
  4. Los chivatos no podrán emprender ningún negocio por sí solos durante el año de noviciado y se les prohíbe hacer uso de la punta a no ser para su propia defensa. Serán mantenidos, vestidos y alojados a expensas de la hermandad, a cuyo efecto se les señala el haber de cuatro reales diarios. En el caso de que algún chivato preste un servicio señalado, pasará inmediatamente a la categoría de floreador. 
  5. Los floreadores vivirán a costa de sus uñas. Estos hermanos están encargados de limpiar las bolsas, echar el pego y demás operaciones de esta especie, perteneciéndoles la tercera parte de sus ganancias, de la cual darán algo para las ánimas del purgatorio. De los otros dos tercios entrará uno en la caja de la hermandad para sufragar los gastos de la justicia.  y decir misas por nuestros hermanos difuntos, quedando el otro a disposición del hermano mayor, obligado a vivir en la corte para velar por nuestra seguridad. 
  6. Los punteadores están encargados de realizar los negocios de mayor cuantía que se encomiendan a la hermandad, perteneciéndoles la tercera parte del producto de sus operaciones, de las cuales se les descontará el treinta por ciento para sostenimiento de los chivatos y lo que sea voluntad para las ánimas del purgatorio. El resto de las ganancias se distribuirá como se ha dicho en el artículo anterior. 
  7. Las encubridoras recibirán el diez por ciento de todas las sumas que realicen, y las sirenas el cuatro por ciento de las cantidades que ganen los matones. Los regalos que reciban de los nobles, frailes y demás gentes que las galanteen les pertenecen en propiedad. 
  8. Los capataces o jefes de provincias serán elegidos entre los punteadores que lleven seis años de servicio y que hayan merecido bien de la hermandad.
  9. La regla de los hermanos debe ser antes mártires que confesores, so pena de ser excluidos de la hermandad y aun perseguidos por ella. 

Dado en Toledo, el año de gracia de 1428, tercero de la institución de nuestra hermandad.    

Símbolo Editar

Todos los miembros de la Garduña tenían un símbolo común que les hacía reconocibles: tres puntos tatuados en la mano derecha. 

Los vínculos de la Garduña con las hermandades no sólo se limitan a su configuración, también al carácter ritual y esotérico. Tenían ceremonias de iniciación específicas para cada rango de la sociedad, tomaban la Biblia como principal referencia en busca de significados alegóricos para sus cometidos y se encomendaban a la Virgen antes de realizar sus actividades.

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